martes, septiembre 05, 2006

La felicidad, esa bonita utopía.

Recuerdo hace mucho tiempo que una de esas personas que tenía la cualidad de sacarme de mis casillas cada vez que abría la boca, me explicaba - así, como el que está hablando de fútbol o que España es campeona del mundo de baloncesto- que la felicidad era una utopía, que no existía, y que únicamente había pequeños momentos donde la sentíamos y que debíamos aprovecharlos al máximo. En esa ocasión, en vez de ponerme los nervios de punta, consiguió hacerme cerrar la boca durante unas cuantas horas.

Pues más o menos me venía esto a la cabeza, cuando he visto que los científicos pierden su tiempo en averiguar qué país es el más feliz de todos; o, más claro, qué ciudadanos tienen menos tristeza en sus peculiares vidas. Parece ser que, los daneses, los habitantes de ese pequeño estado, son los que están más contentos que unas pascuas, mientras que países asiáticos, o que están en extrema pobreza, son los que no poseen muchos motivos para sonreir.

Si observamos el mapa, llama la atención que eurabianos, gringos, canadienses, japos y alguno más del primer mundo, donde todo quisqui se supone que no le falta de nada, y algunos hasta tienen preocupaciones de patio de colegio, no se avalanzan sobre el top ten sino que se quedan entorno a los números cuarenta o sesenta.

La felicidad, no sólo depende de si poseemos una buena cuenta corriente, o si estamos lejos de tierras con guerras, sino que tiene más componentes que puedan quizás escapar de nuestro entendimiento. Tal vez, es nuestro propio inconformismo el que hace a las personas no ser felices, o simplemente, que el tenerlo todo no nos deja apreciar el trasfondo de las cosas. Quién sabe.

Aunque pueden ustedes optar por no hacerme ni puñetero caso. Al fin y al cabo, he elegido una fuente, El País, que tiene hasta errores ortográficos. Los becarios de verano ya no son lo que eran.
White admitió que la recolección de datos sobre el bienestar no es una ciencia exácta pero dijo que las mediciones usadas son muy confiables al momento de predecir resultados con base en sistemas de salud y bienestar.

17 comentarios:

avantiwithreasons dijo...

Interesantísimo post, que comento enlazado con un comentario en el anterior post:
No se justifica el aborto por falta de dinero, tener muchos hijos para echarlos a este 'asqueroso' mundo, etc...
la felicidad, como la vida misma, es intangible, incontrolable y por eso es más una postura personal que un estado colectivo.
En realidad este tipo de estadísticas no me las creo...
Salud

rakras dijo...

¿y que eran antes los becarios de verano?xDDD. Como fueran periodistas, mal vamos.

....

http://www.timesonline.co.uk/article/0,,1072-2287353,00.html

Esto ya lo víncule en el blog, pero lo pongo aquí otra vez.

eduardo dijo...

Dinamarca, el país de Hamlet y de Dreyer, ¿el más feliz? - Será por las galletas de mantequilla, no sé.

Goethe: la felicidad es de plebeyos y cobardes...

Ararat dijo...

El estudio dice:
"Los países más pequeños tienen una tendencia a ser más felices por que hay un sentido de colectividad más fuerte y además están las cualidades estéticas de un país"

¡Ahora entiendo a los nacionalistas! lo único que buscan es la felicidad, pues nada, propongo que mi barrio sea una república independiente, así seremos más felices.

Eduardo, lo de las galletas creo que no es cierto, precisamente ayer me puse ciego a galletas de mantequila y no me siento más feliz, puede que algo más gordo, pero feliz, lo que se dice feliz..

Freman dijo...

Hace poco, una de esas ONGs filocomunistas publicaba otro informe por el estilo, aunque mucho más descarado: todos los países chachis eran suministradores netos de carne de patera.

De todos modos hay algo de razón en este estudio: vivir es desear. En el edificio de al lado, a la altura de mi piso, vive una familia de cerca de cincuenta dominicanos. O casi. Los machitos se pasan el día borrachos perdidos, y con el puñetero reguetón a toda pastilla. Claro que son felices. Mucho más que yo seguro, que mientras no resuelva una ecuación con la que llevo una semana, no voy a parar. Claro, cuando la termine, la felicidad que voy a sentir por haber aprendido algo nuevo va a ser incomparable a la felicidad animal y bullanguera de estos animalitos de corrala.

¿Podemos ser todos así de despreocupados y felices? Por supuesto. Y que nuestros hijos sigan muriendo de enfermedades fáciles de curar, y que cada veinte años nos pille una sequía por banda, se produzca una hambruna y nos diezme. Y que cuando venga el Katrina, se vaya a tomar por saco la ciudad porque nosotros estaremos felices tocando jazz, reguetón y rumba flamenca.

Ya lo creo que hay gente "feliz" en este mundo y en ese sentido. A costa de los infelices, por supuesto.

Freman dijo...

Pero hay otra cara del problema que colectivamente nos negamos a ver, por miedo o por hipocresía. Pío Moa la tocaba el otro día en su blog... aunque desde la dirección equivocada. Imaginad una escena en un instituto de investigaciones avanzadas norteamericano:

Entra un científico en el despacho del jefazo máximo, y le extiende unas pocas hojas grapadas con un artículo sobre física cuántica (o lo que más os apetezca). A medida que el jefe repasa las hojas va abriendo los ojos como platos, y asiente con la cabeza constantemente como uno de esos monos de cuerda. Al terminar, levanta la vista y le pregunta al otro investigador:

- ¡Increíble! ¿Prozac?
- ¿Prozac? No, más bien, Vicodin...


En última instancia, nuestra felicidad depende de la química de nuestro cerebro. ¿Cuánta gente se suicida diariamente por un mal funcionamiento de su química cerebral? Ayer daban una noticia: un señor de sesenta y tantos se mataba luego de matar a la mujer con la que llevaba casado cuarenta años. Nadie se creía la noticia, porque era una pareja "ideal", sin rastros de maltrato. ¿Qué llevo al viejo a cometer tal crimen? Simplemente, la Depresión, que mata a tanta gente como las enfermedades cardiovasculares y el cáncer.

Por desgracia, nuestro conocimiento sobre estos temas no sólo es incompleto, sino que muchísimos tabúes de tipo religioso e ideológico impiden que las investigaciones avancen en este sentido como deberían. Menciono las religiones porque éstas se empeñan en atribuir nuestros estados de ánimo a un ánima vaporosa e inmortal que nadie jamás ha podido demostrar que existe. Y las ideologías, por razones muy parecidas: un proletario en un país comunista debe ser necesariamente feliz.

Las dos medicinas que mencionaba al principio se consumen en los Estados Unidos a manos llenas... y por desgracia, no son perfectas ni muchísimo menos. El Prozac es el más inofensivo, aunque hay gente que advierte contra el uso prolongado. Sin embargo, hay quienes achacan el crecimiento constante de la productividad en los Estados Unidos al consumo masivo de Prozac: un trabajador que no entra en bucles depresivos varias veces por jornada rinde mucho más, evidentemente (además de ser más feliz, por supuesto, y esto no es un sarcasmo).

El caso del Vicodin, por desgracia, es muy diferente. El Vicodin es una combinación de hidrocodona, un derivado de la codeína, que a su vez es uno de los alcaloides menos agresivos del opio, y de ibuprofeno. Se receta como "pain killer"... pero causa hábito. Aunque no es ni remotamente una droga causante de dependencia física como la cocaína, la morfina o la heroína, es difícil romper el hábito. En sí, ni la codeína ni la hidrocodona deterioran significativamente el organismo (muchísimo menos que el café y el alcohol)... pero aquí entra en juego el factor "hipocresía": el uso continuado del ibuprofeno destruye el hígado. Pero la FDA no reconoce el problema y sigue incluyendo el ibuprofeno como "factor disuasorio"... sabiendo a ciencia cierta que no disuadirá a ningún adicto.

¿Cuántos americanos hay ahora mismo enganchados al Vicodin? El número es muy elevado. En su momento, fue famoso el caso de Rush Limbaugh, un personaje muy famoso de la radio, simpatizante de los republicanos.

Y la tercera pastilla "mágica" es el Ritalin, que se prescribe (¡legalmente!) con frecuencia a los niños hiperactivos con problemas de concentración. Puede parecer una burrada hacer tal cosa, pero ¿usted qué preferiría? ¿Que su hijo fracase en sus estudios por una condición mental fuera de su control, o que utilice una pastilla mayormente inocua que le ayuda a concentrarse?

Esa es la otra cara de la felicidad, y es una cara a la que tememos enfrentarnos. Pero más temprano que tarde nos veremos obligados a hacerlo.

Chesk dijo...

A mí me hizo gracia el artículo por la manía de querer cuantificar lo que no se puede contar. Pensé que era era una pérdida de tiempo. Y también, por la falta de ortografía de El País. xD.

Eduardo, estoy con ararat, las galletas de mantequilla aportan la felicidad. A mí me sale una buena sonrisa cuando las tengo delante mía.

Ahora en serio, yo pienso realmente que es una utopía; somos felices cuando conseguimos una meta, y después buscamos otro reto, y así indefinidamente. El problema es cuando consideramos que ya no tenemos más por conseguir.

De ahí lo que pasa en el primer mundo. No tenemos ilusión por nada.

Freman, cada individuo tiene sus metas, y está claro que las de los sudamericanos borrachines son bien sencillas, sin embargo, ya sabes que no todo el mundo se conforma con lo mismo.

Sobre lo que dices de la química cerebral, pienso realmente que muchas veces viene por vivir en un mundo para robots cuando únicamente somos humanos.

No sé, pero tendría que pensarlo más detenidamente.

Un abrazo a todos.

El Cerrajero dijo...

Oh, cielos, ¿existe alguna nación más feliz que el Centrifugado País de ZP?

Don Nacho dijo...

(Off topic lleno de ira)

¿¿¿¿¿¿Se puede saber que narices le pasa a blogger????? En este justo momento y de repente ha aparecido este post en el blog. Ni F5 ni leches. Lleva unos dias muy tonto blogger... dedicale oraciones a San Google para esto :(

Creo que realmente es cierto lo que dices chesk, la felicidad es una gran utopia, cosa que es muy negativa por otra parte. Puede que sepas cual es tu objetivo, donde estas tu felicidad y seas incapaz de alcanzarla, entonces ni el mayor tarro de galletas (o vicodina) puede arreglar el desaguisado.

Freman, ¿conoces al doctor House? (gran serie de la FOX)Es un gran amigo del Vicodin

Freman dijo...

:) No, no la veo. ¿Consume Vicodin? No me extrañaría. A Sherlock Holmes lo pintaban inyectándose (sí, inyectándose) cocaína o morfina, en dependencia del estado de ánimo y la carga de trabajo. Aunque también es cierto que Conan Doyle, por boca del doctor Watson, lo ponía verde por destrozarse el organismo de ese modo.

Ojo, que mi ladrillo no era una recomendación para consumir Vicodin. No sólo por la propia hidrocodona, que aunque no es tan dañina, sigue siendo un opiáceo ligeramente modificado (igual que las endorfinas, por cierto), sino también por el ibuprofeno, que es fatal para el hígado.

Chesk, ¿sabías que hay gente que se engancha a las carreras de fondo por el chute que pueden provocar? No se trata sólo de que el organismo segrega endorfinas para aliviar el sufrimiento del corredor (somos "vulnerables" a los opiáceos porque nuestro propio organismo está diseñado para usar sustancias análogas a la morfina). En el caso de las carreras de fondo, además, está el efecto rítmico de las pisadas: el ritmo es la otra forma tradicional de inducir un trance hipnótico.

Freman dijo...

... lo que sí sería interesante conocer es con qué mierda se había chutado Pedro Castro, el alcalde estalinista de Getafe, cuando dijo que proponía a Getafe como capital de la comunidad autónoma. Tiene que ser alguna mierda muy potente y alucinógena. Espero que no coja el coche cuando esté bajo el influjo de la sustancia X.

Don Nacho dijo...

:) ¿quien quiere drogas teniendo chocolate? Hablo del dulce, no me malpiensen

House es un medico cojo por un infarto en la pierna, amargado de por vida y adicto a la vicodina. Tiene focalizada su infelicidad en la pierna y consume ingentes cantidades de vicodin para colocarse con la escusa del dolor.

Aparte de lo muy interesante del personaje de Gregory House la serie es genial y no me cansaré de recomendarla.

Uguru dijo...

En cuanto a felicidad se refiere siempre me acuerdo esta frase "No es más feliz el que más tiene sino el que menos necesita".

Chesk dijo...

Cerrajero, no bromees, que con un título parecido tiene hasta un libro ZP. Creo que es Zp en el País de las Maravillas.

Freman, desconocía lo de las carreras de fondo, pero no me era indiferente que existen mucho tipo de adicciones; si cada uno de nosotros hiciese examen de conciencia, comprobaría que, en mayor o menos grado, ha sido o es adicto a algo.

Puede ser más nocivo, más peligroso, menos perjudicial, pero se puede ir desde las carreras de fondo, hasta el chocolate terminando en el tabaco.

Nachito, yo no he visto la serie, y dudo que ni siquiera la sintonice pero parece que es muy famosa. Lo que he oido, es que el doctor house, a parte de tener ese vicio, es un genio. No sé...

Uguru, qué razón tienes :)

rakras dijo...

Sobre lo de la "felicidad", bastante de acuerdo con casi todo lo que habéis dicho.

Para mí si hay algo que se le acerca, es no tener a nadie encima dándome con un palo para que sea "feliz" (lo que suele ser: a ver si este hace como yo, y así veo que como los demás hacen como yo tengo razón), y viva el momento, y todas esas interesantes cosas. De todos modos, es una palabra que tengo bastante baneada cuando hablo.

Aparte de que cuando la gente se olvida de otros fines, y se crea un sólo fin que es una supuesta felicidad independiente, me da que eso a donde va es a no querer nada minimamente complejo.

Claro esta que esta es mi opinion, y siendo un tema tan personal con estar yo de acuerdo con ella ya me vale.

House es un hombre que pegaría en este blog, creo.

Freman dijo...

... es que en esto, como en tantas otras cosas, el problema tiene el mismo rostro: no aceptar nada que no sea la perfección. Porque lo perfecto, cuando existe, es estéril.

Uguru no sólo tiene razón: la frase es budismo puro. Pero si la descripción del problema (el diagnóstico de la infelicidad) se intenta convertir mecánicamente en la solución del problema (la vía hacia la felicidad) terminas convirtiéndote en una piedra: no desees nada, no hagas nada. Ni siquiera debes desear ser feliz, porque eso ya es un deseo, y serás infeliz hasta que no lo consigas... que a ese paso, será nunca.

Por eso el budismo tuvo que inventarse al bodhisattva: el ser perfecto que está a punto de alcanzar la disolución del nirvana, pero que mira hacia atrás y siente compasión por las criaturas de este mundo, y decide postergar el momento de su extinción para "ayudarlas". No se trata de ayudarlas a conseguir sus pequeñas metas personales: la única ayuda posible es ayudarlas a comprender.

(como castigo ejemplar por hacer proselitismo, esta noche me condeno a cenar sin cerveza ni vino)

Chesk dijo...

rakras, sí, House pegaría perfectamente por acá.

Pero lo que dices tú de tener una persona encima, es distinto. Es decir, cada individuo tiene unos valores para ser feliz y, en casi todos los casos, son tan válidos como los de uno mismo.

Lo que no quiere decir, que no se dé la opinión de vez en cuando sobre determinados asuntos. Como yo hago contigo alguna vez. :)

Freman, no te preocupes por lo de proselitismo. Creo que cumplimos el cupo de casi todo tipo de religiones posibles por aquí. Ateo,agnóstico, budista, católica, judío...

Un abrazo.