lunes, abril 18, 2011

Viejas historias

Hace unos años coincidía bastante con una chica que tenía problemas serios en su trabajo. No es que su trabajo fuera horrendo, si no que ella no podía soportarlo. Siempre se quejaba de él y especialmente de su nómina a fin de mes. Yo, a decir verdad,  por lo que me comentaba en aquellos tiempos lejanos de crisis no veía tanto motivo a su despesperación, pero un día llegué a entenderlo. Tenía un padre muy majo que la machacaba a menudo diciendo que su trabajo era una mierda y que no cobraba lo suficiente: el padre era sindicalista de telefónica prejubilado a los 50 años.

Era uno de esos hombres que se dedicaba a llevar a su hija a todas partes, sacar a los perros, e irse a jugar la partida todos los días y un largo etc. Todo ello con cincuenta años y con unos dos mil euros al mes. Casi nada, la envidia del barrio.

Traigo a colación todo esto por lo que habéis escuchado todos esta semana: Telefónica despide a un 20% de su plantilla. Tanto telefónica como muchos de los grandes han realizado esa política durante años en este pais: cargarse una parte de la plantilla con muchos beneficios sociales, normalmente poco productivas, y que tienen unas metas claramente definidas como puede ser la jubilación.



Y todo esto era envidiado y sabido por todos en épocas de vacas gordas, pero lo que ha quedado claro es que no vamos a ninguna parte con un sistema laboral a dos velocidades: donde unos se dejan la piel y otros miran cuanto les queda para que les llegue la hora. Mi amiga tardó en entenderlo, pero su padre sigue pensando que qué suerte la suya. Y tal vez tenga razón.



domingo, enero 30, 2011

En España no gustan los años.

Llevo bastante tiempo observando el tipo de personas que me atienden en los sitios que frecuento: en el supermercado, en el centro comercial, en las tiendas de teléfonos móviles, etc. En todos estos lugares casi siempre me encuentro con un denominador común: la edad. Rara vez veo a personas mayores de mediana edad de cara al público y sí a gente bastante joven. Una excepción a esta regla es El Corte Inglés, pero me imagino que ese es otro tema a parte.


Luego me hago una serie de preguntas, ¿En qué trabajan esas personas que no veo por ninguna parte? ¿Por qué en casi todas las ofertas de trabajo que miro siempre el perfil demanda personas de 25 a 35 años? ¿Por qué han estado las empresas españolas haciendo prejubilaciones a lo bestia durante estas últimas décadas?

Las respuestas siempre me llevan a lo mismo: en este país hay mucho trabajo precario que los que somos más jóvenes aguantamos sin rechistar pero que tal vez a cierta edad tengamos algo que decir; también, en muchos sitios la falta de políticas de recursos humanos adecuadas haga que el personal con el paso del tiempo se desmotive y, por consiguiente, deje de producir como el recién llegado. Y, por último, creo que en este país no nos gusta la edad ni sabemos apreciar la voz de la experiencia.

Así que como nos toca jubilarnos a los 67 años, que se vayan preparando los funcionarios para lo bueno: van a ser los únicos que van a poder seguir trabajando hasta esa edad. A los demás, ya sabemos lo que nos puede ocurrir, por lo que más nos vale que vayamos contratando un plan de pensiones.

martes, enero 04, 2011

Persecución


Hace unos días me uní a la campaña de FACUA en contra del tarifazo eléctrico ya que es el colmo que el gobierno nos subiera la electricidad este año casi un diez por ciento y que, encima, el ministro de turno nos dijera que no nos preocupáramos, que representaba el precio de un café al mes. Y basándome en eso, me he aplicado en lo que va de año y estoy invirtiendo "ese café" de la luz en todos los que no me voy a tomar - ni me he tomado- desde que ha entrado en vigor la ley antitabaco.

Sin embargo, lo que me ha inquietado de verdad es el clima de persecución que se intenta contagiar a la población, tanto desde la siempre eficiente y preparada Pajín como organizaciones como FACUA, donde se anima, se instiga y  se alienta a que se denuncie a la persona que infrinja la ley de turno. Más bien, porque me salen símiles bastante peligrosos de otros momentos de la historia de España que me ponen los pelos de punta.



Lo que sí tengo claro, es que los españoles somos tan borregos que nuestros políticos saben que un día legislan que todos tenemos que llevar el pelo negro y diremos: que qué se le va a hacer, las leyes hay que cumplirlas. Yo, por mi parte, voy a hacer como el hostelero vízcaino que se ha cargado su máquina expendedora alegando que el estado no se va a lucrar a mi costa: dejaré de fumar sólo para que el gobierno no se lleve los impuestos de la cajetilla. Tiempo al tiempo.

PD: y el número de parados alcanza un máximo histórico. ¡Qué bien!