Hace unos días me uní a la campaña de FACUA en contra del tarifazo eléctrico ya que es el colmo que el gobierno nos subiera la electricidad este año casi un diez por ciento y que, encima, el ministro de turno nos dijera que no nos preocupáramos, que representaba el precio de un café al mes. Y basándome en eso, me he aplicado en lo que va de año y estoy invirtiendo "ese café" de la luz en todos los que no me voy a tomar - ni me he tomado- desde que ha entrado en vigor la ley antitabaco.
Sin embargo, lo que me ha inquietado de verdad es el clima de persecución que se intenta contagiar a la población, tanto desde la siempre eficiente y preparada Pajín como organizaciones como FACUA, donde se anima, se instiga y se alienta a que se denuncie a la persona que infrinja la ley de turno. Más bien, porque me salen símiles bastante peligrosos de otros momentos de la historia de España que me ponen los pelos de punta.
Sin embargo, lo que me ha inquietado de verdad es el clima de persecución que se intenta contagiar a la población, tanto desde la siempre eficiente y preparada Pajín como organizaciones como FACUA, donde se anima, se instiga y se alienta a que se denuncie a la persona que infrinja la ley de turno. Más bien, porque me salen símiles bastante peligrosos de otros momentos de la historia de España que me ponen los pelos de punta.
Lo que sí tengo claro, es que los españoles somos tan borregos que nuestros políticos saben que un día legislan que todos tenemos que llevar el pelo negro y diremos: que qué se le va a hacer, las leyes hay que cumplirlas. Yo, por mi parte, voy a hacer como el hostelero vízcaino que se ha cargado su máquina expendedora alegando que el estado no se va a lucrar a mi costa: dejaré de fumar sólo para que el gobierno no se lleve los impuestos de la cajetilla. Tiempo al tiempo.

