Si de aprender a torturar se trata, los niños de Argentina tienen la solución a la vuelta de la esquina. Desde hace algunos días, en las jugueterías de Buenos Aires se puede adquirir por seis pesos (el precio de dos cafés, o el equivalente a dos dólares o a un euro y medio) un set de policía que, además de pequeñas réplicas de un revólver con silenciador, unas esposas metálicas y un silbato, incluye una "picana de juguete" capaz de dar una descarga como la de un encendedor eléctrico de cocina.
No es que el Mal esté únicamente en nosotros, es que haciendo estos regalos, dejando que ciertos niños jueguen con fuego, sólo conseguimos pequeños diablillos en potencia. Y luego nos quejamos, o nos llevamos las manos a la cabeza, cuando estas criaturas crecen y en vez de jugar con ese fuego, provocan graves incendios. A veces, somos nosotros mismos los culpables de ver todo convertido en cenizas, aunque no nos queramos dar ni cuenta, o prefiramos cerrar sistemáticamente los ojos.

