El problema es que tuvieron que estar bombardeando Londres durante un mes para que Bertrand Russell llegase a la conclusión de que ya no era pacifista.
El problema es que se considerase que De Gaulle era un militarista trasnochado porque aconsejaba aumentar la producción militar ante lo que preparaba Hitler en Alemania.
El problema es que la intelectualidad francesa, con el miope de Sartre a la cabeza, dijese que Solzhenitsin era un pequeñoburgués mentiroso cuando denunció la Siberia de Stalin.
El problema es que la izquierda española y catalana hayan tardado décadas en darse cuenta de que Fidel Castro era un cabrón.
El problema es que aún hoy hay quien sigue diciendo que Israel comete con los palestinos los mismos crímenes que los nazis cometieron con los judíos.
Leo en Barcepundit este artículo publicado en El Periódico en el día de ayer. Lo más destacable es lo que os he remarcado, principalmente lo del conflicto en oriente medio, aunque merece la pena leerlo entero. Tal vez ustedes antes de pinchar el enlace se crean que ha sido escrito por cualquier miembro del ala conservadora-liberal del periodismo español. Sin embargo, se darán una gran sorpresa: es el pedazo de progre de Javier Sardá, el innombrable presentador de Crónicas Marcianas con su pancarta y no a la guerra incorporado.
No me quiero llevar ninguna ilusión, me conformo con pensar que esto es un espejismo que tal como lo veo se desvanecerá ante mis ojos, pero manifiesta un problema de base de la izquierda española: que por miedo, por su supuesta superioridad moral, han estado apoyando, dando cobijo, o mirando hacia el otro lado cuando los mayores cánceres del planeta han campado a sus anchas. Y ya es hora que hagan de vez en cuando una autocrítica y digan las cosas como son: que todos aquellos que quieran cargarse nuestro estado de derecho no tienen lugar en nuestra sociedad. Más vale tarde que nunca.






