Desde que ocurrió el asesinato de la niña Mª Luz Cortés me quedé maravillada por la entereza de su padre: culto, contundente, capaz de contener el dolor ante las cámaras y con una asombrosa determinación; un hombre que desde el primer momento exigió lo que en todo democracia debe suceder de manera natural: justicia y una condena adecuada y justa para el asesino de su hija.
Pero como el estar escuchando a las víctimas de sucesos así cansa a algunas mentes retorcidas, la ex directora de los servicios informativos de RTVE, María Antonia Iglesias, sóltó el otro día en prime time que Juan José Cortés y la madre de Sandra Palo eran padres espectáculo; que su dolor era parte de un show y que reclaman el endurecimiento de las penas y un referendum para implantar la pena de muerte porque les gusta salir por la tele.

Eso viene de una mujer que por muy vendida que sea también ha sido madre. Una madre que es incapaz de comprender que no existe para unos padres nada más doloroso que la pérdida de sus hijos. Que jamás debe ser interrumpido el suceso natural en el que son éstos los que entierran a sus padres y no viceversa.
Por ello, desde aquí expreso todo mis desprecio, repugnacia, aversión y repulsa hacia esta señora y mando todo mi apoyo a todos esos padres que cada día luchan por lo que es justo para los suyos. A los que te ofrecen un dedo para que tú los agarres con toda tu mano.







