Hacía más de un año que no nos veíamos, pero quedamos a tomar algo hace un par de días. Un viejo amigo que conocí en uno de esos divertidos congresos de trabajo que te ayuda a no dormirte a primera hora con sus comentarios y su afilado humor. Mi amigo, sevillano de pura cepa, no pasaba desapercibido en el entorno en el que nos movíamos.
Así, comentando viejas historias, nos pusimos a hablar de nuestros respectivas políticas municipales. Como allá, en Sevilla, hay ciertos barrios donde los servicios públicos no se atreven a entrar y resto de anécdotas surrealistas para una ciudad española; la que más me llamó la atención, no obstante, fue la del Metro de Sevilla.
Parece ser, que la idea de que una de las urbes más grandes de Iberia tuviera ese transporte surgió allá por el año 1968, en el propio franquismo, con un ayuntamiento no democrático. Cuando se llegó a la democracia , ya bien por falta de fondos o porque a alguien no le apeteció tomarse el proyecto en serio, se guardó en el cajón del olvido hasta hace unos pocos años. Ese metro, se inagurará 40 años después, en el próximo otoño.

Cuatro décadas donde los ciudadanos no han conseguido que sus políticos se tomaran en serio sus peticiones, y en las que han primado los intereses de los burócratas en vez del de la de los primeros; donde las personas de a pie no han presionado a los que eligen con su voto - y a su gran séquito de acólitos y vendidos cuando nos referimos al cortijo andaluz - en los que ha vencido el pasotismo como estilo de vida.

Pasotismo, como el de los ciudadanos de Coslada que, después de 20 años con un corrupto como jefe de la policía municipal, nadie ni dijo, denunció, o expuso algo en contra. Todos callaron.
Y así, cerramos la boca hasta que un día explota algo y nos miramos pensando que cómo ha podido pasar eso: muy simple, mirando hacia al otro lado día sí y día también.
Cuatro décadas donde los ciudadanos no han conseguido que sus políticos se tomaran en serio sus peticiones, y en las que han primado los intereses de los burócratas en vez del de la de los primeros; donde las personas de a pie no han presionado a los que eligen con su voto - y a su gran séquito de acólitos y vendidos cuando nos referimos al cortijo andaluz - en los que ha vencido el pasotismo como estilo de vida.

Pasotismo, como el de los ciudadanos de Coslada que, después de 20 años con un corrupto como jefe de la policía municipal, nadie ni dijo, denunció, o expuso algo en contra. Todos callaron.
Y así, cerramos la boca hasta que un día explota algo y nos miramos pensando que cómo ha podido pasar eso: muy simple, mirando hacia al otro lado día sí y día también.







