
Santiago M. J. tiene 21 años y está en la cárcel de Zuera desde marzo de 2006 cumpliendo una condena de once años que le fue impuesta por robar cuatro teléfonos móviles, una tarjeta de autobús y 13 euros. Una pena asimilable a un homicidio o una tentativa de asesinato.Once años de cárcel por cuatro móviles y trece euros, un botín digno de Al Capone; mientras, "Rafita", andará suelto refugiándose entre los suyos y sin ningún arrepentimiento de haber quemado viva a la joven Sandra.
Los cuatro delitos los cometió en dos horas y media, la noche del 18 de marzo del año pasado. Nunca antes había hecho nada parecido, ni tenía antecedentes penales y admitió que cometió una estupidez.
Aunque los beatos de turno y los dueños giliprogres de las sotanas raídas se escandalicen y saquen el fantastama de las buenas intenciones, no estaría de más que los jueces empezaran a pensar en algo similar al ojo por ojo. Se evitarían muchas injusticias, y resto de criminales volviendo a comenter asesinatos.




