Vivimos en una nación particular, donde nuestros gobernantes definen crisis como desaceleración económica, aborto como interrupción voluntaria del embarazo, y que se monte una buena en un municipio de Almería, obviando los sucesos años atrás del Ejido, se denomina como excepción por el ministro de Interior. Otra cosa no, pero un experto en semántica seguro que tiene una silla bien grande en algún zulo subterráneo de la Moncloa.
Pero tal vez no sea una excepción que después de la guerra urbana de París, barrios españoles sigan la suerte de nuestros vecinos del norte; tampoco creo que sea casualidad que fuese una zona de Sevilla, denominada las tres mil viviendas, uno de los sitios de España donde la polícia ni pueda asomarse. Tres mil viviendas se llama en Sevilla, doscientas en Roquetas del Mar.
Penamoa, uno de los barrios de lujo de La Coruña.
Bloques y bloques de ladrillos donde se alojan personas hacinadas, con sueldos míseros, rodeados de drogas, pobreza y males semejantes que funcionan como una bomba de relojería. Sólo hace falta algo que prenda la mencha, y todo se vaya a tomar por saco.
Y sólo una cosa más, destacar este enunciado sacado de una de las ediciones digitales de El Mundo.es:
Sólo añadir que me extraña enormemente que ellos se llamen a sí mismos morenos: somos únicamente los occidentales los que tenemos miedo a que nos tachen de racistas por utilizar el término negro.
Nota autora: qué despiste el mio, se me había olvidado Alcorcón.
Pero tal vez no sea una excepción que después de la guerra urbana de París, barrios españoles sigan la suerte de nuestros vecinos del norte; tampoco creo que sea casualidad que fuese una zona de Sevilla, denominada las tres mil viviendas, uno de los sitios de España donde la polícia ni pueda asomarse. Tres mil viviendas se llama en Sevilla, doscientas en Roquetas del Mar.
Penamoa, uno de los barrios de lujo de La Coruña.
Bloques y bloques de ladrillos donde se alojan personas hacinadas, con sueldos míseros, rodeados de drogas, pobreza y males semejantes que funcionan como una bomba de relojería. Sólo hace falta algo que prenda la mencha, y todo se vaya a tomar por saco.
Y sólo una cosa más, destacar este enunciado sacado de una de las ediciones digitales de El Mundo.es:
Sólo añadir que me extraña enormemente que ellos se llamen a sí mismos morenos: somos únicamente los occidentales los que tenemos miedo a que nos tachen de racistas por utilizar el término negro.
Nota autora: qué despiste el mio, se me había olvidado Alcorcón.




