Quiero rescatar dos asuntos que me llamaron bastante la atención mientras he estado en mi exilio vacacional. El primero fue el asentamiento de más de dos mil rumanos a orillas del trasvase Tajo y Segura en un pueblo manchego; en una zona protegida, donde transcurre el agua potable que muchos habitantes se llevan a sus gargantas, se estuvo una masa lavándose, haciéndose sus necesidades, y asentando de manera ilegal en una zona prohibida. Por curiosidad, si alguno de nosotros se nos ocurre pasar la noche en un sitio no permitido, seguramente el SEPRONA nos obsequiase con una buena sanción administrativa. Como eran rumanos y da mucho miedo combatir la inmigración, el ministro de turno dijo simplemente que había ilegalidad en ello.


El segundo, es la propuesta del primer ministro Sarkozy de castración química o cadena perpetua a los violadores reincidentes. Mientras muchos la han acogido con alegría e intentan exportarla a Iberia, la izquierda se decanta por la reinserción o por soltar la frase típica de: «radicalmente en contra» de unas medidas «demagógicas», que «salen de la derecha»
En ambos casos, en vez de preocuparse por los realmente damnificados, los que han sufrido abusos sexuales y todos aquellos que beberán del grifo el agua contaminada con materias fecales, los gobiernos y oposiciones han optado por defender y legitimizar a los que cometían infracciones y crímenes en vez de preocuparse por las auténticas víctimas. Por ello, más de uno debería empezar a dar más relevancia al niño que ha sido violado, que pensar que se producirá el milagro de que un enfermo o psicópata deje de serlo.
Es cuestión de prioridades, sólo eso.
Es cuestión de prioridades, sólo eso.







