Iba hace unos días con un amigo en su coche buscando aparcamiento. Justo cuando lo habíamos encontrado, se da cuenta que hay cinco caravanas de gitanos aparcados al ladito y da marcha atrás empezando de nuevo su búsqueda para estacionar. Al ver su reacción, le empiezo a recriminar su actitud y riéndose sólo me dijo: no sé, Chess, por si acaso busco otro sitio que quiero mucho a mi coche.
Y tal vez fue una reacción desproporcionada, o xenófoba como dirían algunos, pero está claro que ciertas actitudes que ha tenido colectivo gitano en las últimas décadas no ha ayudado a la convivencia. El caso de las tres mil viviendas de Sevilla, donde a chabolistas se les dio un hogar para su integración, y éstos han sufrido graves desperfectos y un aumento exponencial de la delincuencia en el barrio hasta convertirlo en un guetto, no facilita que los prejuicios desaparezcan.
Todo este rollo que os cuento ha venido a mi cabeza cuando he leído la siguiente noticia en Italia de el diario El País:

Todo este rollo que os cuento ha venido a mi cabeza cuando he leído la siguiente noticia en Italia de el diario El País:
Miles de gitanos, convocados por asociaciones y organizaciones no gubernamentales, han tomado hoy las calles de Roma en protesta por la xenofobia y la política de inmigración puesta en marcha por el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi.

Y está claro que siempre hay que frenar, erradicar y actuar ante cualquier mínimo indicio de xenofobia que se aprecie; pero también, más valdría que en vez de manifestarse pensaran un poco más en integrarse en una sociedad occidental que les da todas las oportunidades para ello. Xenofobia, no; integración, sí.






