Los acueductos nacionales han servido principalmente para dos cosas: la primera, es para que el españolito de a pie urbanita se fugue de las grandes ciudades a un lugar más tranquilo alejado del estrés del cual está rodeado; la otra, si cabe más importante, es lo que hacen nuestros políticos cuando saben que todo el país está desconectado y que el impacto social va a ser mucho más leve al tomar cierta decisión. Me imagino que ZP, con el caso De Juana, estaba pensando por qué demonios no lo liberó en el mes de agosto, al igual que nombró en la Semana Santa anterior a Rubalcaba - portavoz del gobierno socialista de los GAL - ministro del Interior.
Mañana hace treinta años de la primera vez que un político en democracia optó por tomar una medida con todo quisqui fuera de servicio. Adolfo Suárez decidió un Sábado Santo legalizar al PCE; Santiago Carrillo cruzó la frontera disfrazado con una peluca y, después de unas tensas negociaciones, ambas partes cedieron para llevar a cabo la transición. Se renunció a la bandera tricolor, se admitió la monarquía en vez de la república y a cambio se concedieron amnistías de presos y resto de medidas como eso de obviar la matanza de Paracuellos y quienes fueron sus ejecutores.

Pasados los años, los que en 1977 estábamos en pañales, observamos atónicos qué está pasando en la actualidad. El PCE, aunque actualmente sean cuatro gatos, dice públicamente que no admite la monarquía y que a ellos lo que les va es la III república; los nacionalistas diversos patalean entre variopintas formas de referendums y autodeterminaciones a ver cuáles cuelan mejor en Madrid; y cierta parte de la izquierda parece estár más conforme con lo que no se acordó en 1978 que con nuestra Constitución.
Algunos han olvidado que ese Sábado Santo se llegó a un acuerdo para no dinamitarlo en la siguiente generación; que se cerraron unas heridas que costaron mucha sangre al pueblo español y que hay determinadas cosas con las que no se puede volver a jugar, ni hacer trampas para alcanzarlas con el tiempo.
Por eso, lo único que podemos deducir después de estos treinta años, es que hay personas o colectivos que cuando te dan la mano para hacer un trato, realmente, sólo están ganando tiempo. Jamás cesarán en alcanzar su objetivo.
