Como la crisis en este país parece un huracán que no perdona, que arrasa con todo lo que pilla a su paso, parece ser que también está afectando a ese sector de la población activa un poco más sensible: las mujeres embarazas. Según un reciente estudio, más de 30,000 trabajadoras han sido despedidas en el pasado año por el simple hecho de traer una vida al mundo (estos datos yo los cogería con pinzas, pero bueno) :
La Fundación Madrina denuncia que hay más despidos por embarazo con la crisis, incluso han acuñado a la actuación de despedir a las mujeres embarazadas o a las que ya son madres con el término ‘mobbing maternal’. Nos muestran los datos de su estudio ‘Mobbing maternal en España’.
Y lejos de ponerme a hacer un alegato a favor de las mujeres, habiendo pasado hace poco el día de la mujer trabajadora, lo que sí voy a exponer es una crítica en toda regla: la culpa, si de alguien ha de ser, es parte nuestra.
Nuestra porque estoy harta de ver a mujeres que con ocho semanas de gestación se dan de baja del trabajo aludiendo motivos inverosímiles; o sin excusa, simplemente por el hecho de estar así. Y claro, mientras ellas están en casa con un sueldo mensual, sus compañeros tienen que hacer el trabajo por dos, los costes de la empresa aumentan y tiene unas consecuencias a largo plazo que pagamos las demás.
Al final cuando, por ejemplo, vas a una entrevista de trabajo sucede que no te miran como a una profesional, sino como un futuro trabajador que puede tener siete meses de baja preparto, más uno de vacaciones, dieciocho semanas de baja maternal, más las horas de lactancia cuando te incorporas.
No nos vamos a extrañar de que en esta vida al final siempre paguen justos por pegadores, pero al menos dejar las cartas bien claritas encima de la mesa.
