miércoles, julio 28, 2010

Casposos e hipócritas


No sé si alguno de ustedes han pisado alguna vez una granja de cerdos o de aves y si es así, les ha entrado ganas de comerse un bocadillo de jamón al instante siguiente. Les puedo decir que por mi experiencia me abstuve un tiempo de ingerir cualquier producto carnívoro y no precisamente por los olores de las instalaciones si no por otras totalmente distintas, pero ése es un tema distinto y bastante desagradable para tratar ahora mismo.

Pero lo que sí les puedo decir, es que todos estos hipócritas, casposos, liberticidas y totalitarios que han votado hoy en contra de la tauromaquía en Cataluña tienen en común una serie de aspectos:

- Comen carne procedente de instalaciones donde la dignidad del animal es un bien a desear.
- Si el partido les hubiese dicho que hay que votar C en vez de B, les hubiese sudado las narices lo que opinaban ellos de los toros.
- Y por último, si los toros fuese una tradición puramente catalana estarían defendiéndola con uñas y dientes y gritando por todas partes su identidad. Al igual que les importa un comino que criaturas se suban a metros de altura para hacer los castells. Si un día se escuernan dirán que es costumbre y cultura.

Así que, como estoy que echo chispas y hoy ha llegado el día que estoy hasta las narices de esta gentuza llamada clase política, aprovecho para despedirme e irme de vacaciones hasta septiembre. A ver si playa y sol hacen que me olvide de la chusma que tenemos en nuestros sillones del poder. Espero que cuando vuelva de vacaciones no nos hayan prohibido respirar.



Paciencia y al toro.

PD1: no me gustan los toros, jamás iría a una corrida.

domingo, julio 25, 2010

A por ellos... que son pocos y cobardes



"No hay que ceder al chantaje", eso es lo que decía un comentarista de la tertulia radiofónica de RNE una de estas mañanas cuando se hablaba de la supuesta huelga encubierta de los controladores aéreos españoles. Mi carcajada no se hizo esperar, porque bien pensé que ojalá todo el mundo dijera lo mismo cuando los cabestros del metro dejaron a Madrid colapsada, o incluso cuando nos plantaron bombas en el 11M. Ahí nadie tiene que ceder, es culpa de Aguirre o de Aznar.

Obviando esto, el ministro pepiño ha tenido en estas últimas semanas su agosto: primero con los controladores y posteriormente con todas las obras que Fomento ha cancelado. Os puedo decir que han sido más de las que han salido en las noticias ya que tengo amigos que se han vuelto a sus casas. Fomento no las cancela pero no les paga a las contratas, una buena solución.

28/07/2006: Personal de Iberia invaden la pista central del aeropuerto del Prat generando un caos y un grave problema de seguridad. Entonces ZP no aplicó el no ceder al chantaje.

Pero después de todo esto, no he dejado de maravillarme del maquiavelismo del tonto aparente del ministro, que de tonto no tiene un pelo: entra en una guerra abierta frente a los controladores aéreos utilizando algo que la sociedad española no soporta; en tiempos de crisis y de no crisis, escuchar que un tío cobra más de cien millones de pesetas al año nos genera una envidia de narices y sabe que nos vamos a poner de su parte únicamente por rabia contenida. Aunque para ello tenga que inventarse que estos tíos se ponen de huelga:


Si esto no fuera nuestro país, las estrategias de Pepiño serían algo para admirar desde la distancia, pero la lástima es que es el nuestro y que le da igual mentir, tergirversar para echar más leña al fuego y que nuestra frustración se vuelque contra ciertos colectivos. Como diría Loquillo, a por ellos... que son pocos y cobardes.

martes, julio 13, 2010

Mirando al cielo


Los que me seguís desde hace tiempo, sabéis que el fútbol no se encuentra entre una de mis aficiones preferidas y que básicamente no le presto ninguna atención. Lo que no he dicho nunca, es que hubo una época de mi vida que consciente o insconcientemente me enteraba de toda la actualidad futbolística. Unos años en que la lucha por el mando a distancia era dura y sin cuartel en la que nunca coleccioné muchas victorias.

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Sin embargo, con este mundial no he podido resistirme y me he tirado tres semanas pendientes de los resultados. Y el domingo, desde la típica pantalla gigante que se han instalado en la mayoría de las ciudades españolas, cuando el arbitró pitó el final del partido no pude evitar pensar si algunas personas desde algún lugar lejano y no terrenal lo estarían viendo; también, en todos los malos sabores de boca, la mala suerte y frustración acumulada en tantos años y en lo que hubieran disfrutado en un día como ése.

Sinceramente, no pude evitar mirar al cielo. Va por vosotros, viva España.