martes, abril 20, 2010

Los intolerantes exigiendo tolerancia

Como no puede ser de otra manera, he seguido muy de cerca el caso de la nena musulmana que se la apartó de clase de un instituto madrileño por llevar el velo islámico al ir en contra de sus estatutos. Y no he perdido detalle principalmente porque en esto nos jugábamos bastante.

La susodicha no ha parado de alegar que lo llevaba como acto de sumisión a dios, que el pañuelito le reafirmaba su identidad como musulmana y que su progenitor no la había obligado a ello, que era ella sola contra el mundo con su pequeño acto de rebeldía. Y posteriormente han ido cinco estudiantes más que se han solidarizado con el trauma que le supone a su compañera esa discriminación. Vamos, más madera.

Lo que se ha visto en estos días es un retrato de la sociedad española: un tira y afloja en el que el ministro giliprogre del ramo apoya a la muchacha, Aguirre dice lo contraria, y un centro escolar que se ve en el centro del huracán con enormes presiones para ceder a las exigencias musulmanas. Exigencias, sí, de niñas nacionalizadas españolas, que dentro de poco podrán votar en las urnas, que no han venido a Europa a adaptarse en la sociedad que tan bien las acogió: vienen desafiantes a imponernos a los demás su cultura.



Por ahora el colegio se mantiene firme en su negativa de cambiar los estatutos y manteniendo la prohibición del velo, pero con la ingente inmigración de la última década nos quedan muchos órdagos que ver y bastantes desafíos que afrontar. Hay demasiados intolerantes exigiendo tolerancia.

PD: recomiendo echar un vistazo a un post antiguo pero que, por desgracia, siempre estará de actualidad: el fanatismo de las musulmanas conversas españolas.


lunes, abril 05, 2010

Provocaciones

El otro día hablando con una amiga le comenté que con los años estoy desarrollando una paciencia infinita ante ciertas cosas; que antes me afectaban más algunos asuntos y que ahora consigo que no me calen muy a dentro. Simplemente, que intento tomarme la vida con más tranquilidad que todos sabemos que dura dos días.

Recapacitando sobre ello, no sé si es una virtud que he conseguido tras años de duro autocontrol, o es que es el espiritu de esta sociedad en el que no nos inmutamos por nada y poco nos afecta por mucha provocación que veamos. Casos como el asalto a la catedral de Córdoba por un grupo de organizados musulmanes, el patente fracaso de la ley de menor que nos muestra una vez más estos días como una supuesta probable homicida sólo le caiga unos añitos en un internado, o que uno de los políticos más falsos del panorama español se gaste un millón de euros para el pisito de su hijo en el centro de Madrid, debería hacernos reaccionar un poco a todos nosotros. Por mucho que hayamos estado inmersos en las vacaciones de semana santa.


Por ello, no sé si voy a tener que ponerme todos los días el café más cargado para activar mi nivel de adrenalina o por el contrario unirme al sentimiento patrio del todo igual y el qué más da. Pocas personas son conscientes que la democracia y nuestro modo de vida es como una planta que hay que regar día a día y dedicarle un mínimo de interés; que no nos podemos quedar cruzados viendo como el árbol se tuerce.